sábado, 28 de abril de 2012

Siguen las detenciones y torturas contra indígenas adherentes de la otra campaña


El tzeltal Antonio Estrada acusa que PRI y PVEM de Chiapas hacen denuncias infundadas

Le fabricaron el delito de robo de vehículo en la carretera Ocosingo-Agua Azul, señala

Ocosingo, Chis. Al encontrarse aislados de los presos políticos organizados en algunas cárceles de Chiapas, Miguel Vázquez Deara y Antonio Estrada Estrada, adherentes de la otra campaña del ejido San Sebastián Bachajón, enfrentan su encarcelamiento, que insisten en considerar infundado, en condiciones de mayor soledad.

Vázquez Deara, recluido en el penal de Ocosingo, fue detenido y torturado, refieren sus familiares, al ser señalado por los del PRI y el Verde Ecologista que están entregando el ejido al gobierno. Esto, “porque participamos mucho en la otra campaña”, expresan. “En la tortura le exigían que dijera quiénes dirigen la otra campaña. Él tenía el cargo de policía comunitario para detener tantos asaltos hechos por partidistas protegidos por el gobierno”.

El 25 de septiembre de 2011, expresa Miguel en un testimonio, abordó un transporte para ir a Palenque. En el ejido Vicente Guerrero había un retén de Seguridad Pública donde revisaron a los pasajeros y me dejaron pasar porque andaba en una bolsa mi uniforme de trabajo, que mostré. Al otro día en Palenque salí a la calle para buscar pasaje, llegaron policías a tantear cómo me movía y vi que me señalaban Juan Álvaro y Manuel Jiménez (de Xanil y Pamalá, respectivamente). Fui aprehendido y otros que estaban pendientes, cuando lo supieron llegaron al penal de Playas de Catazajá para acusarme.

Al detenerlo, los policías le cubrieron el rostro con el uniforme que llevaba puesto y lo despojaron de 150 pesos. “No alcanzo a ubicar a donde me llevaron. Me estuvieron preguntando quienes son mis ‘compañeros asaltantes’, yo contestaba en tzeltal que no he hecho nada, un policía me decía ‘habla hijo de la verga’, y que me iban ‘a preparar una calentada’. Respondí que me hicieran lo que quisieran porque no he hecho nada. Me esposaron, taparon mi boca y mis ojos con un trapo negro y me desnudaron completamente. Después me metieron una bolsa en la cabeza, me golpearon el estómago y el pecho a culatazos, la nuca y el cuello con el puño”. En la preventiva de Catazajá, relata, cagué sangre.

Siguieron las torturas con la bolsa en la cabeza. Llegó una patrulla con unos diciendo que iban hacer como si me agarraran asaltando en el momento. Al anochecer lo trasladaron a Ocosingo. En el trayecto, llegando a Xanil, escuchó que pasarían a dejar información a la casa de Juan Álvaro, quien no llegó. De ahí condujeron a Miguel a la cárcel preventiva de Ocosingo y lo confrontaron con otro detenido. Me preguntaron si era mi compañero de asalto, yo respondí que no. Los policías nos chocaron nuestras cabezas. No tardé ahí. Me subieron en la misma patrulla.

Ahora lo acusaron de robar una estaquita Nissan. Les dije que no tengo carro y no he hecho nada, nunca me han agarrado robando. Fue entregado a agentes judiciales, quienes le mostraron según las armas que utilizaba para asaltar, me dieron dos patadas bien fuerte en mis nalgas y sentí que me zafaron mis huesitos. Lo obligaron a empuñar armas y lo fotografiaron. Posteriormente llegó un policía federal de caminos que lo interrogó sobre el paradero de un balaceado en el banco de grava del ejido el 26 de julio. Respondí que no sé. Me exigió que dijera que robé una Nissan con placas del DF. Tardó como dos horas ahí obligándome a decir que robé y que esas eran mis armas.

El 27 de septiembre, en la Fiscalía Indígena, lo obligaron a firmar varias hojas sin ver su contenido. El abogado de la fiscalía lo acompañó en la patrulla al penal. Allí dijo que yo asalté en el tramo Ocosingo-Agua Azul y que robé un vehículo. Le dije en tzeltal tú eres mi abogado, gracias por culparme de lo que no hice y también gracias a los que me señalan. Así fue que quedé aquí preso.




Fuente: La Jornada